Reseña publicada originalmente en el grupo de Los Caballeros de las Afroditas, en Facebook.
Ya
en otras ocasiones había mencionado que en Toluca hay varios tables y bares de
mala muerte, aunque ya ninguno tiene tubo. Pues bien, el pasado jueves 26 de
mayo se me ocurrió salir a echar una copa a uno de esos tables.
Iba
en plan tranqui, echar un trago de Bacardí (por seguridad prefiero pedir
cerveza y que me destapen la botella en la mesa, pero con eso de la cuarentena
no había cerveza por ningún lado), ver a dos o tres chicas hacer variedad y
retirarme. Quizá un privadito si alguna chica me llenaba la pupila.
De
todos los puteros de la zona escogí uno que, ni es el de más estilo, ni tiene
las mejores chicas, pero es el que me queda cerca, además de que el año pasado
fui y me atendieron muy bien los meseros.
Llegué
y había dos vatos en la entrada, me revisaron y me pidieron "pal' café".
Hasta ahí todo bien, lo que me sacó de pedo fue cuando me pidieron una
identificación para entrar al lugar. Sí, me pidieron que me pinches identificará para entrar a un
giro rojo. Desde ahí debí de haber sospechado que algo andaba mal,
pero en mi mente seguía con la idea de que el año anterior me la había pasado a
toda madre y dije no hay pedo. Mostré mi INE, revisaron mi nombre y me dejaron
pasar.
Cabe
señalar que el table está en un segundo nivel, por lo que para ingresar uno
tiene que pasar por un pasillo de tablaroca que sirve de pared para los
"privados" y luego subir unas escaleras.
Al
subir me llamó la atención que hubiera "tantas" chicas para ser
jueves (de 10 a 15, calculo) sobre todo porque no había ningún otro cliente. Me
senté en un sillón cercano a los baños y se acercó una mujer chaparra a
mostrarme la carta, la mujer no vestía ningún uniforme, sino una blusa de
tirantes y un mallón, pero asumí que era la mesera.
Pedí
un Bacardí y me entretuve escaneando a las chicas. Había una negra impresionante,
calculo que medía 1.70 o más, abdomen marcado y un culo espectacular, tenía
pensado invitarle una copa, ver qué tal se portaba y si tenía buena actitud
pagarle un privado, pero vi que bajó las escaleras, posiblemente hacia el baño.
Se
acercó otra de las chicas a hacerme la plática, intentando que le invitara una
copa, yo no le prestaba mucha atención, prefería ver la variedad, en busca de
una chica más atractiva.
Como
ya dije, había cerca de 15 chicas. Hombres sólo estábamos yo, el DJ y un sujeto
alto, delgado, de pelo corto y con cubrebocas guinda, que asumí que también era
mesero, pues vi que subía y bajaba las escaleras y por momentos hablaba con la
mujer que me había mostrado la carta.
De
pronto, el vato del cubrebocas se acercó a mi mesa y m dijo "hay operativo y voy a tener que
cerrar, necesito que te retires, por favor”. Le respondí que no había pedo, que regresaba
otro día si tenía que cerrar, y bajé las escaleras, mientras él me seguía de
cerca. Al llega al pasillo de tablaroca quise dirigirme hacia la puerta, pero
me dijo "pásale por este lado",
indicándome el lado opuesto, es decir, dónde se encuentran los privados.
Pensé
que iba a cerrar la entrada principal para que nadie viera movimiento y que me
iba a sacar por una puerta trasera, pero de pronto me tomó el cuello y me metió
a un privado, diciendo "No hagas
mamadas, responde lo que se te pide o vas a valer verga". Dentro el
privado había otros dos hombres, los cuales me tomaron e los brazos y me
colocaron de cara a la pared. Me pidieron que levantara los brazos y comenzaron
a basculearme.
Entendí
que me iban a quitar mis cosas y por inercia quise llevarme las manos a los
bolsillos para entregarle mis pertenencias, acelerar todo y evitar en lo
posible el contacto físico, pero nada pendejos, me agarraron las manos y uno de
ellos me dijo "yo te reviso, tú
levanta las manos y no hagas nada que no se te dice", supongo que quería
asegurarse de que no llevará algún arma conmigo.
Mientras
me basculeaban comenzaron
a preguntarme nombre, ocupación, dónde vivo, cuánto dinero llevaba, cuánto
tengo en el banco, cuánto gano a la quincena... Me quitaron la
chamarra, el celular, las llaves, el dinero y la tarjeta del banco.
A
mis espaldas escuché a una mujer preguntarme dónde llevaba el dinero, porque no
encontraba la cantidad que dije llevar conmigo. Le dije que revisara bien en la
chamarra, que ahí estaba todo, pero ella insistía en que no. Mientras tanto los
dos vatos me decían que me dejara de mamadas, que les dijera donde llevaba el
resto el dinero o que me iban a partir la madre hasta que no me pudiera
levantar.
Me
pidieron que me sentara en un sillón con las manos en las rodillas y la cabeza
agachada. Me
obligaron a desbloquear mi celular y borrar el patrón de seguridad.
Revisaron
un instante mi celular y me pidieron acceder a la aplicación de BBVA que tenía
instalada, advirtiéndome que si la bloqueaba me iban a partir la madre. Entré a
la app, vieron cuánto tenía en mi cuenta, me preguntaron mi nip del cajero
automático y el sujeto con cubrebocas salió del cuarto con mi tarjeta bancaria.
Le
entrego mi celular a otro sujeto y éste siguió revisando mis archivos, notó que
también tenía instalada la app de Banorte y me preguntó dónde estaba esa
tarjeta. Le respondí, con la poca voz que me quedaba, que había perdido la
tarjeta y que hace tiempo no usaba esa cuenta, que en automático transfería de
un banco a otro. El sujeto me dijo que me dejara de pendejadas, que le dijera
cuánto tenía en esa otra cuenta y que desbloqueara la app.
Yo
estaba bastante nervioso, en verdad hace meses que no usaba esa cuenta y ya no
recordaba el nip. Así se lo hice saber pero el vato me dijo "¿cómo no te vas a acordar?, ahorita te
vas a acordar a punta de vergazos”, a la par que me daba un golpe en la
espalda.
Intente
ingresar a la app de Banorte con las claves que creía recordar pero ninguna
funcionaba. Después el tercer intento fallido la app me mostró un mensaje
advirtiéndome que me quedaban pocos intentos antes de que se bloqueara por
seguridad.
Neta
me dió un chingo de miedo cagarla, bloquear la app y que me fueran a partir la
madre. Le mostré la pantalla al vato que estaba frente a mí, le dije que estaba
muy nervioso y que en verdad no recordaba la clave, que por favor me diera
tiempo de recordar. El sujeto pareció impacientarse, me volvió a preguntar
cuánto tenía en esa cuenta y le repetí que no tenía nada.
El
sujeto tomó mi celular, le dijo al otro hombre que se quedara conmigo y él
salió del cuarto. El otro hombre encendió un cigarro, me reiteró que me quedara
sentado sin levantar la cabeza y se sentó a mi lado.
Después
de unos minutos entró nuevamente el hombre del cubrebocas, que me había metido
a ese cuarto, y se sentó a mi lado. Me dijo:
"A ver (nombre
real, leído de mi INE), ya tengo tus datos y sé dónde vives, si me vienen a
buscar o sales con tus mamadas voy a ir hasta tu casa y te voy a partir la
madre, a ti y a todos los que me encuentre. Te vas a parar, vas a agarrar tus
cosas y te vas a salir tranquilo, sin temblar ni nada."
Me
entregó mis llaves, mi INE y mi credencial el banco. Yo salí caminando por
dónde había entrado, pero ahora sin cel, sin chamarra, ni un solo peso en la
bolsa, con el pulso acelerado y los huevos atorados en la garganta.
A
la mañana siguiente tuve que pedir dinero prestado para regresarme a la CDMX y
poder comunicarme con mi familia. Me dijeron que por la noche habían recibió
llamadas diciendo que me encontraba secuestrado y que intentaron comunicarse
conmigo pero que no entraban las llamadas.
Afortunadamente
sólo me quitaron cosas materiales y no pasó a mayores, pero si esos vatos
hubieran querido, tranquilamente hubieran podido secuestrarme, golpearme,
matarme y luego desaparecerme, pues me encontraba dentro de un
edificio privado, sin que nadie supiera de mi paradero, y rodeado de mafiosos
muy posiblemente coludidos con la policía, pues aunque las patrullas pasan
constantemente frente a ese tipo de giros negros, nunca he visto que siquiera
se paren a revisar.
Hay
al menos otros dos tables de la misma cadena en la zona de Toluca:
El Royal High Class (antes Krystal)
y el Red Private Club (antes Cartier). No
sé si los dueños sean cómplices de las ratas, pero es obvio que esos güeyes no
entran sin que alguien les dé permiso.

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